El dueño de un restaurante prepara una comida gratis para cada perro callejero que lo visita.

hace algún tiempo un cliente inesperado pasó por el restaurante de Gerardo Ortiz llamado “Ajilalo” en Perú. Era un perro callejero, con una mirada de hambre en sus ojos.

Ortiz fácilmente podría haber corrido al perro. Pero no lo hizo. Esa noche Ortiz le ofreció al perro una comida gratis, hecha solo para el. Y así comenzó una adorable tradición que continúa hasta el día de hoy.

Muchos perros callejeros acuden a este restaurante
Muchos perros callejeros acuden a este restaurante

Cada noche, a partir de ese momento, el perro hambriento venía y recibía una comida gratis del restaurante de Ortiz. Pero no pasó mucho tiempo antes de que se corriera la voz de la amabilidad y generosidad de Ortiz entre la comunidad de cachorros callejeros locales.

Comenzaron a llegar más perros acompañados del primer visitante, y Ortiz les dio la bienvenida a todos con una deliciosa comida.

Hoy en día, numerosos perros callejeros llegan cada noche a las puertas del restaurante de Ortiz. Muchos son “clientes” habituales, mientras que otros son nuevos, todos con la esperanza de llenar sus estómagos gracias a la amabilidad de Ortiz.

A menudo, mientras Ortiz está trabajando, mira hacia arriba y ve la cara de un nuevo perro en el frente, esperando cortésmente para ver si el rumor de que se puede encontrar comida gratis allí es cierto.

“Para mí, son los mejores clientes”, dijo Ortiz a The Dodo. Y sus clientes humanos difícilmente lo toman como un desaire. Inspirados por Ortiz, a menudo también traen comida para los perros visitantes.

Siempre reciben su comida
Siempre reciben su comida

“Afortunadamente, nuestros clientes han reaccionado bien con los perros”, dijo Ortiz. “Son cariñosos con ellos”.

En última instancia, la dulce rutina de Ortiz de alimentar a todos los perros callejeros que lo visitan hace más que evitar que tengan hambre. Les permite saber que sus vidas importan, una verdad que Ortiz se complace en demostrarles todos los días.

“No nos pagan con dinero, pero nos pagan con su alegría y meneando la cola”, dijo Ortiz. “Están muy agradecidos y disfrutamos más dando que recibiendo. Desde que era niño, me encantaron los animales.

Mi madre siempre nos enseñó a ayudar a los demás, tanto a las personas como a los animales. Ella es mi inspiración”.

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